Muy queridos padres de familia y muy amados alumnos:
Es muy frecuente escuchar que la gente habla de valores, lo mismo en los medios que en las pláticas entre amigas. Hablar de valores se ha puesto de moda de la misma forma que en el diálogo del hambriento se presenta frecuente la palabra pan.
Valores y valioso van de la mano. Para quien la justicia le resulta valiosa, será capaz de entregar su esfuerzo, sus capacidades, su tiempo y aún su vida por lograr la justicia. Para quien no significa un valor, podrá hacer buenos discursos respecto a la justicia, pero en la primera oportunidad será capaz de traicionarla por una conveniencia personal. Valor es aquello que a mí me resulta de tal manera importante, que no me limitaré en esfuerzo con tal de conseguirlo.
Quiero hablar de algunos valores que considero fundamentales para cualquier época o cualquier lugar del mundo, y abrigo la esperanza de que algunas de ustedes coincida conmigo en los aspectos significativos.
EL VALOR DE LA MATERNIDAD
Llegar a la maternidad es mucho más que un proceso biológico, requiere de la involucra-miento completo de la mujer en sus dimensiones fisiológica, psico-afectiva y espiritual. La función central de la maternidad es la formación de un nuevo ser. Las madres formamos con lo que hacemos lo mismo que con lo que dejamos de hacer. Cuando nuestros hijos están en el vientre, el alimento que tomamos forma los tejidos y los órganos de nuestra criatura, al igual que la falta de vitaminas o nutrientes de cualquier índole, formará carencias en su ser y dejará huella indeleble en su desarrollo orgánico. Al salir a la vida, seguimos formando a nuestros hijos con lo que hacemos y con lo que dejamos de hacer, todo contribuye a dar forma a nuestros hijos.
Comentaré algunos valores que acompañan y expresan de una manera clara y franca el valor de la maternidad o distorsionan y pervierten el ejercicio de la misma, utilizando a los hijos para satisfacer fines egoístas.
EL VALOR DEL ESFUERZO
Cuando llega el invierno, muchas veces sentimos dolor al despertar a nuestros hijos en las mañanas frías, lluviosas o nubladas...Los niños naturalmente quieren quedarse en cama y no ir a la escuela. Frente a nosotros se presenta la opción: ¿Apoyo la débil voluntad de mis hijos impulsándolos y apoyándolos hasta que vayan a la escuela y desarrolle su ser o, cedo ante mis propias debilidades, dejo que duerma y frustro o entorpezco su desarrollo y su capacidad?
La primera opción resulta dolorosa en el momento, pero forma su carácter y les ayuda a creer en ellos mismos; la segunda facilita su comodidad, pero destruye su autoestima y su fuerza de voluntad, acercándola al fracaso social y familiar en el futuro.
LA CONSTANCIA Y LA GENEROSIDAD
Sabemos por tradición que la constancia es la base de un desarrollo armónico, equilibrado y exitoso. En ocasiones se enfoca la constancia como un logro del esfuerzo personal egoísta que busca el "triunfo" a cualquier costo. En verdad, la única forma de alcanzar una auténtica constancia que fundamente el triunfo personal, social y trascendente de un hijo, es poniendo su base en la generosidad; es decir, entendiendo el empeño personal como una forma de servicio a los demás, al prójimo.
La generosidad es una actitud que se desarrolla con el ser humano adulto, pues la infancia y la adolescencia requieren una importante dosis de egoísmo para garantizar la supervivencia. Sólo cuando la persona ha alcanzado su pleno desarrollo puede abrirse a la generosidad, de la misma forma que la floración se da en la planta madura.
El cultivo de la generosidad se realiza en la niñez y en la adolescencia mediante la disciplina y la constancia sostenidas por la voluntad de la madre. Si no existe este apoyo, no se desarrollará esta flor fundamental y la persona estará condenada al egoísmo enfermizo que le acarreará grandes dosis de sufrimiento innecesario.
Ser madre, pues, entraña el esfuerzo por apoyar a nuestros hijos, con nuestra voluntad, en la disciplina y la constancia.
EL SENTIDO DEL AMOR
Finalmente, el ingrediente fundamental que convierte en magia todo el esfuerzo y sufrimiento que supone la experiencia del crecimiento, es el amor. Aunque pudiera yo ser una madre "perfecta" en los cuidados y correcciones a mis hijos, aunque tuviera a tiempo sus alimentos con el cuidado de balancearlos y presentarlos atractiva-mente, además de suculentos y sabrosos, aunque me esmerara en cuidar su ropa y atender sus tareas escolares detalladamente, si no tengo amor, sería como un ROBOT SIN VIDA, como una televisión encendida que sólo hace ruido y deforma a los niños.....
El amor me permite entender las necesidades de mis hijos antes que las mías propias; el amor corrige con firmeza sin que la firmeza se convierta en violencia o venganza, el amor desarrolla en mí, la creatividad para encontrar soluciones realistas antes de renunciar por temor al rechazo o a la crítica. El amor encuentra la forma de perdonar y perdonarse a sí misma cuando cometo un error y no por eso perder la visión de la autoridad que tengo como vocación de servicio a los que amo. El amor siempre encuentra el camino....
Amadísimos alumnos y muy queridos padres de familia, el amor despertará suavemente, pero de manera inflexible, una voluntad que semejando al hierro, no se doblegue ante las dificultades y las críticas, especialmente cuando tienen la intención de procurar la superación personal.
La Academia de Ballet Eva Beltri, en labios de su Directora, les desea que encuentren en su vida el sentido profundo del amor y llene de valor sus acciones de cada día, para que fundamentalmente en este mismo amor toda su vida.
Con todo mi amor,
Miss Irma López